Hay un truco para adivinar si lo que dicen los gurús tecnológicos tiene algo de chicha. Consiste en ponerle cara, nombre, carne y hueso a lo que cuentan. Así que ahí van dos historias. El protagonista de la primera es Zackary. Tiene siete años.
A los tres le diagnosticaron autismo severo. Su joven abuelo, John LeSieur, se dedicaba a las nuevas tecnologías y se puso a diseñar un navegador para Internet adaptado a los niños autistas. En honor a su nieto, la aplicación se llama ZacBrowser. «Un software gratuito que usan 700.000 niños en todo el mundo», según su creador. La otra historia hay que buscarla en Guatemala. Allí nació Carlos Argüello y allí ha vuelto después de veinte años en Hollywood. En la meca del cine trabajó para Kodak y Disney (entre otros) y participó en la creación de los efectos visuales de películas como ‘Las Crónicas de Narnia’.
Pero regresó a su país y creó StudioC, la empresa con la que ha puesto en marcha proyectos como ‘El libro interactivo de español, inglés, k’iche’ y kaqchikel’. Con él, los niños indígenas pueden aprender Lengua o Matemáticas por encima de las barreras del idioma. Carlos Argüello y John LeSieur ofrecen dos ejemplos vivientes de para qué sirven las nuevas tecnologías. Constituyen el lado humano del puntocom, del factor social que hay detrás de los microprocesadores, los ‘bytes’ y palabros como ‘empoderamiento’. Las suyas son además dos de las experiencias que entre hoy y mañana se van a presentar en la cuarta edición de e-Stas. Otro palabro.
Las siglas se refieren al Simposio de las Tecnologías para la Acción Social. Un evento que celebra su cuarta edición -la segunda en el Palacio de Ferias de Málaga- y que reivindica el poder humanizador de las aplicaciones informáticas. Un poder que se puede desarrollar «en todo el mundo». Así lo defendía ayer Yolanda Rueda, presidenta de la Fundación Cibervoluntarios, promotora del evento. Porque el mundo es la frontera para los participantes en e-Stas. Así, más de 200 expertos de todo el planeta se reúnen en la ciudad para «compartir experiencias», en palabras de Vivek Vaidyanathan, procedente de la India y representante de ICT4D.
Un cambio social
¿Y eso qué es? Él mismo lo explica: «Somos una ONG que lleva tres años trabajando en el ámbito de las tecnologías de la información. Buscamos soluciones en las nuevas tecnologías para favorecer un cambio social. En el caso de la India, trabajamos para que esas aplicaciones lleguen al usuario final y puedan cambiar su vida». ¿Y cuáles son esas utilidades? Pues, lo primero, formar a la población para que pueda usar esas herramientas informáticas. Y después, poner en marcha programas como el servicio de telemedicina para poblaciones desfavorecidas. «La tecnología debe servir para que los cambios que vive la India se traduzcan en una mayor igualdad social», sostuvo Vaidyanathan. Es lo que algunos llaman «brecha digital». Más palabros. La expresión se refiere a la grieta -imaginaria y real- que separa a los que tienen acceso a las nuevas tecnologías de los que no pueden hacer uso de ellas. Una carencia que, a la postre, se traduce en menos oportunidades para salir de la pobreza y la exclusión social.
De la India a Guatemala
Para conocer más ejemplos, volvamos al principio de esta historia. A Guatemala, con Carlos Argüello y su equipo de StudioC. Habla Argüello. Ellos han convertido cada ordenador en un profesor en potencia. Esta «organización no lucrativa» emplea «las industrias creativas como factor de desarrollo en toda la región de Centroamérica». Argüello pone un ejemplo: «Con los mismos medios que usamos para hacer los efectos visuales de las películas hemos creado aplicaciones muy sencillas a través del 3D para que los niños aprendan a resolver problemas de Lengua o Matemáticas.
Además, lo hacemos en los siete idiomas mayas para que los niños indígenas tengan acceso a estas aplicaciones». Porque la accesibilidad de las aplicaciones constituye el santo y seña de todos estos proyectos. Iniciativas que tratan de reconciliar el ámbito tecnológico con el social. Ahora, encuentros como el que se desarrolla en Málaga quieren tender puentes por encima de las brechas. Y los abismos.
Vía: www.diariosur.es



